La ciclista de 58 años fallecida en avenida Alberdi era la querida música y docente Viviana Strano

by Federico Rey
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Las últimas horas de este miércoles se tiñeron de una profunda tristeza una vez conocida la noticia que la víctima fatal del siniestro vial de avenida Alberdi era la querida música y docente rosarina Viviana Strano, quien falleció a los 58 años.

Strano murió en el lugar tras ser atropellada por un colectivo en la parada del Metrobus de Juan José Paso, y tristemente es la sexta muerte desde la puesta en funcionamiento del polémico y resistido sistema, desde que comenzó a funcionar en 2016.

Egresada de la Escuela de música de la Universidad Nacional de Rosario en los años 80, donde se formó como pianista, Viviana era, además, una destacada acordeonista, un instrumento que la acompañó mucho en todos estos últimos años.

Muy cercana al ambiente artístico y musical de la ciudad por sus múltiples aportes y participaciones, se recuerda una especialmente, cuando en 2010 se sumó al elenco de la recordada versión de Canillita, de Florencio Sánchez, que se estrenó en el Teatro Municipal La Comedia bajo la dirección de Alicia Zanca y Hernán Peña, al frente de un gran elenco.

Como sucede en estos casos, ya en las primeras horas de este jueves, comenzaron a circular en las redes sociales los saludos de despedida de amigos, compañeros y colegas, consternados por la noticia de su partida.

La bailarina de tango y gestora cultural Ilka Luetich Podestá publicó en su muro de Facebook un texto que la describe en sus habituales recorrido: “A Viviana Strano la conocí allá por el año 98. Ella bailaba tango, y yo organizaba milongas. Precisamente a la hora del cierre de una de ellas, en el restaurante Sunderland, Viviana, vestida de negro, se sentó al piano, y con total naturalidad hizo brotar hermosas melodías. Ése es el primer recuerdo fuerte que me aparece en este momento. Ése y el de su sonrisa. Y su pelo ensortijado, rebelde, que nunca quiso doblegar. Durante la pandemia nos fuimos haciendo amigas. Nos encontramos en contadas ocasiones, exactamente tres. Cada una de esas veces fue mágica: por la temperatura, el solcito acariciador, las enredaderas, la comida preparada con esmero, el vino blanco dulce, la charla sin rumbo y sin apuro. El domingo de Pascua, Vivi trajo a casa uno de sus bellos acordeones, La Excélsior, y me regaló un momento único. Mujer generosa, solidaria y amorosa como pocas, con tantos proyectos en camino. La voy a extrañar”.

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